La autocrítica constante, deber ético

La autocrítica constante, deber ético
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Por: Jorge Martínez Lugo

La autocrítica constante, deber ético “debemos someternos continuamente al auto examen, ya que todos tenemos inclinaciones y como resultado de nuestra formación tenemos prejuicios, sobre los cuales debemos tomar conciencia”.

En el marco de su estancia en Chetumal como catedrática de la Maestría en Periodismo Político que imparte la prestigiada Escuela Carlos Septién García en la Universidad de Quintana Roo, Blanche Petrich, especialista en asuntos internacionales, derechos humanos y movimientos populares, sostiene que muchas veces resulta difícil, en la vorágine del trabajo periodístico, darse un breve tiempo y tomar cierta distancia sobre lo que uno está informando.

En la plática, se pregunta a sí misma: ¿cómo puede el reportero despojarse de sus propias perspectivas, prejuicios o formas de pensar y escribir de manera mínimamente objetiva?

Y se inmediato se responde: “básicamente es un asunto ético cuestionarse si uno está siendo justo con la información, si le estamos dando al público el mayor número de datos posible para que se haga un juicio razonado, pero también es un asunto de método.

“Me explico: muchas veces como reportero ni siquiera aclaramos en nuestra cabeza la historia que queremos contar; cuando estamos entrevistando nos gana la construcción del título de la nota y el lead de nuestro texto que debemos escribir de manera rápida, y eso propicia que abandonemos la comprensión”.

Por ello reitera que “el problema es ético pero también de metodología y de organización de nuestras rutinas periodísticas, por lo que estamos obligados a hacer un esfuerzo por librarnos de nuestros prejuicios y evitar ver sólo los extremos de un hecho o una declaración, para evitar que renunciemos a la comprensión del acontecimiento que estamos reportando”.

Con un posgrado en “Periodismo Internacional” en la University of Southern California y una vasta experiencia que la ha llevado a cubrir conflictos armados en Guatemala, El Salvador y Nicaragua en los años ochenta y posteriormente en Haití, Sudamérica, la frontera México-Estados Unidos, Europa Oriental, la invasión a Irak, entre otros, reitera que “todos tenemos sesgos pero también debemos hacer el esfuerzo de no ver las cosas en blanco y negro, sino intentar siempre comprender e informar sobre los tonos de grises; alejarnos de las visiones estereotipadas de un Chávez, un López Obrador o un Fidel Castro”.

Ella misma, en un tono de profunda autocrítica, dice: “hay prejuicios que me gustan mucho de mí misma, es mi forma de ser y pensar, pero hay otros que me causan problema para escribir ciertos temas, por ejemplo, me choca mucho que las cosas le salgan mal al gobierno cubano ─refiriéndose al caso del preso político quien murió en huelga de hambre la semana pasada─ ya que es un gobierno sometido a una fuerte presión y hay campañas internacionales con intereses muy fuertes, pero si me toca reportar el caso, tendré que darle al lector los elementos para que se forme una opinión lo más informada posible”.

Ser periodista, un privilegio

Autora de varios libros colectivos como “El Salvador, testigos de la Guerra”, “Los amos de México” y “Miguel Ángel Granados Chapa, maestro y periodista” afirma: “Me siento una privilegiada al poder escribir lo que veo y de lo que soy testigo”.

Explica que el periodismo es un privilegio ya que “me ha permitido estar en momentos históricos de cambios sociales, como por ejemplo, durante la revolución sandinista de Nicaragüa o la revolución zapatista de Chiapas, así como en la cobertura de la invasión estadounidense a Irak”.

“No hay salario que hubiera compensado poder ver, indagar y contar lo que estaba sucediendo a los lectores de mi periódico, con el mayor sentido de veracidad, ofreciendo las diversas versiones y hechos, para que la opinión pública se nutra de esa información; por eso es un privilegio ser periodista, porque es una profesión que te permite crecer como persona”, explicó.

Sobre el llamado “periodismo “militante”

Blanche Petrich se auto denife como una periodista militante: “…muchos critican el periodismo que hace La Jornada y acusan a este periódico de hacer un “periodismo militante” en tono peyorativo, pero yo entiendo la militancia periodística, como un compromiso con la veracidad, más que con la llamada ‘objetividad’ y mucho menos con la verdad, porque éste es un valor también subjetivo. En La Jornada militamos en un marco ético del ejercicio periodístico, que tiene como principio dar voz a los sectores que generalmente no la tienen”.

Entiendo un periodismo militante ─recalcó─ “estar a favor de que se profundice un discurso crítico, pero a fondo, con investigación y datos; no del hígado ni de una guerra entre adversarios”.

Lo importante en la profesión de periodista ─concluyó─ es no perder de vista “las cosas que tienen que ver con la buena salud del periodismo”.

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