Niño envuelto

Marcial Maciel

Por Pepe Zaldìvar 

El destape mundial de la cloaca de la pederastia clerical protagonizado por Marcial Maciel y algunos seguidores en México y América Latina y el de altos prelados católicos de Irlanda, Estados Unidos, Inglaterra, Alemania entre otros países sorprende no tanto por su existencia como por la apariencia que le dan los medios de información de ser casos puntuales, sólo porque son puntuales los casos denunciados.

Sorprende la aparente convicción general de que las víctimas de la pederastia curial son los denunciantes y algunos que no se atrevieron, pertenecientes a dos o tres generaciones que hoy tienen de 20 a 40 años… así como sorprende que las denuncias se extiendan a las autoridades superiores eclesiásticas por encubrimiento o por negligencia frente a las acusaciones documentadas por algunas víctimas desde hace unos 20 años para acá, como si el problema de la Iglesia fuese solamente salvar la institución del escándalo de sus contados pecadores develados.

Porque aparentar contribuye a ocultar la radiografía del clero cuya estructura misma de negación de la libido y de celibato forzoso y forzado, vista a contraluz, no puede sino arrojar la evidencia de que en la historia de cada cura pederasta hay un menor sujeto a abuso sexual y que no sería imposible que atrás de los encubrimientos no haya algún pecador –a su vez víctima de abuso y así hacia los orígenes–, cuyo pecado conocería personalmente el practicante pederasta, o depredador, recordemos al sacerdote Nicolás Aguilar Rivera requerido por las cortes de Estados Unidos al igual que su protector el Cavernal Norberto Rivera.

Esta claro que el hecho de intervenir con sotana en una sociedad en la que son accesibles imágenes impresas o electrónicas de abusos de menores, con que lucran algunos criminales para un mercado compuesto por quienes no pudieron ejercer libremente su sexualidad, contribuye al fenómeno exponencial del paso al acto, pero ello no excusa la responsabilidad de la estructura eclesiástica en el fenómeno que tanto daña aún a las nuevas generaciones.

La Iglesia debería hacer su aggiornamento liberando la libido de sus ministros, si es que pretende ser coherente con su mensaje y no enviar al infierno a tantos de ellos. No con disculpas se olvidan los daños que han impactado a una sociedad que medio les cree a sus clerigos.

La Iglesia Católica tiene que responder ante la Ley de los Hombres por su silencio complaciente. Tan solo en el caso de Marcial Maciel hay graves acusaciones: Abusar de Menores, Despilfarro de Dinero (léase lavado), Morfinómano y un excesivo control de sus religiosos. Las víctimas que han hablado y que eran sus secretarios dan testimonio de cómo este hombre derrochó siempre dinero. Maciel se daba lujos que ni siquiera los más ricos de este mundo se han podido dar. La Legión de Cristo fue su pantalla para ganar dinero y vivir bien

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