Anatomía de un Desastre

Anatomía de un Desastre

José Zaldívar

En la Escuela de Ingeniería Municipal un profesor de análisis de estructuras nos decía “En la aplicación de la ingeniería no pueden existir errores ni fallas de cálculo, porque cuestan vidas” y esta reflexión nos viene a la memoria con el penoso y fatal caso del hotel español, Grand Princess Riviera Maya, observando los resultados “preliminares” de los peritos forenses especialistas que están investigando la escena del crimen previamente manipulada.

De acuerdo a lo visto, la explosión del lobby bar del Grand Riviera Princess nunca tuvo que haber ocurrido si hubiesen respetado al cien por ciento el proyecto que sustento la Manifestación de Impacto Ambiental que aprobó “con condicionantes” la SEMARNAT, mismo proyecto que validó otorgando Usos de Suelo y licencia de construcción la Dirección de Ordenamiento Urbano y Ecológico (DOUE) del municipio de Solidaridad en tiempos de Carlos Joaquín González. Para este efecto el proyecto lo acredito como Director Responsable de Obra (DRO) el ingeniero Miguel Mejía reconocido como tal por la DOUE de Solidaridad, así como por los Colegios de Ingenieros y Arquitectos del mismo municipio, No se tiene información, aún, si el proyecto conto con un Director Corresponsable de Instalaciones, un Perito Responsable de Protección Civil y un Supervisor Ambiental que por Ley tuvieron que haber sido contratados por el grupo desarrollador. Esto lo tiene que aclarar el Director de Ordenamiento Urbano y Ambiental, José Alonso Durán Rodríguez en cuánto presente a luz pública la MIA, la licencia de construcción más las licencias de operación y funcionamiento respaldadas por el “Vo.Bo.” de la Dirección de Protección Civil.

Los 7 muertos son el resultado de una cadena de “errores y fallas de cálculo”, empezando por los propietarios y ejecutivos de operación y mantenimiento del hotel Grand Riviera Princess, continuando por el despacho de ingeniería que dirigió la construcción del hotel, el DRO, los ingenieros, arquitectos contratistas de la obra, más la “avariciosa vista gorda” de los inspectores y supervisores de la Procuraduría Federal de Protección al Ambiente.(PROFEPA), de la Secretaría de Desarrollo Urbano y Medio Ambiente del Gobierno del Estado (SEDUMA) y de las Direcciones de Ordenamiento Urbano, Ecología y Protección Civil del Ayuntamiento de Solidaridad al no hacer las visitas de supervisión necesarias para revisar lo que había debajo del Salón Vip Platinum en un sótano o “celda vacía sellada” utilizada como almacén de químicos y solventes de limpieza , que con el tiempo capto y acumulo gases que, se investiga, eran provenientes de una fractura del drenaje cercano y de una fuga de la línea de gas del propio hotel que alimentaba el snack del lobby bar.

Siendo, de acuerdo a los peritajes iníciales, la causa que detono la explosión de gas metano mezclado con gas butano en un cubo estructural debajo del lobby siniestrado construido ex profesamente para elevar el nivel del piso, mezclado con una fuga de gas butano y solventes que se almacenaban en ese sótano, que dejó como saldo siete personas muertas, veinte heridos de gravedad, varios periodistas golpeados, la sometida genuflexión de nuestras autoridades ante los “INVARSIONISTAS” españoles, más pena y vergüenza en los quintanarroenses.

El genuflexionamiento de las “aterroridades” de los tres niveles de gobierno, dio pie a que la empresa española propietaria del inmueble realizara la edificación del lujoso y exclusivo complejo hotelero que tiene más de dos mil 400 habitaciones, sin las supervisiones necesarias y violando desde un principio la normatividad vigente en la entidad y la federación.

Cabe señalar que la prepotencia de los operadores españoles del hotel fue de tal cinismo que durante una hora cerraron el paso al procurador Francisco Antonio Alor Quezada, peritos investigadores y medios de comunicación, tratando de encubrir sus visibles delitos técnicos los ejecutivos de la operación del hotel, al ocupar el inadecuadamente como almacén de productos de limpieza, químicos y solventes el espacio de la celda sellada que construyeron arriba de la cueva, sin tapa de registro o ventilación a la bóveda inferior debajo del lobby para checar su comportamiento, misma que habría permitido un respiradero para la salida de los gases explosivos de metano, butano y tóxicos, lo que generó una alta contención de los mismos al quedar sellados con los pisos del salón VIP Platinum, lo que desencadenó en un fenómeno parecido al de una olla exprés en ebullición susceptible de estallar al primer chispazo.

Esta mezcla explosiva acumulada, durante por lo menos 6 meses desde que iniciaron las quejas de olores fétidos de los huéspedes, estalló y generó una onda expansiva de más de 30 metros de diámetro que surgió del referido sótano para impactar y luego aplastar a los cinco turistas canadienses, así como a dos empleados que resultaron muertos, y a la veintena de heridos, los cuales se encontraban en el sitio al momento de la explosión.

Todo ello, gracias a “vicios ocultos” de construcción y operación que dejaron ya sea por omisión ó con “premeditación, alevosía y ventaja” los edificadores del complejo, así como a la descuidada atención de los operadores de mantenimiento del hotel y la falta de supervisión de los técnicos de protección civil que no atendieron los múltiples reclamos de los usuarios del hotel por el mal olor que estos sentían en el entorno de dicho local. Reclamos que tiene registrados fehacientemente la Secretaria de Turismo del Gobierno del Estado de Quintana Roo a cargo de Sara Latife Ruiz de Chávez.

No se puede tapar el Sol con un dedo.